Saraband · Capítulo 2

Inocencia y pánico

Saraband, Ingmar Bergman, 2003

Fotograma de Saraband

02. Inocencia y pánico
La película comienza con una sesión de televisión dentro de la televisión: los protagonistas, profesionales de la burguesía media, son entrevistados en el primer capítulo para un programa dedicado a familias ejemplares. Su planificación es estrictamente la que corresponde a un programa de este tipo, con un largo plano medio de los protagonistas respondiendo a un cuestionario frente a la cámara, interrumpido en pocas ocasiones por un inserto de la entrevistadora. Sus mutuas miradas de apoyo y su nerviosismo son los que corresponden a una entrevista real. Curiosamente es el único momento en toda la película en el que aparecen físicamente las hijas de ambos en una toma preliminar extremadamente corta, pues a partir de ese momento solo aparecen en las conversaciones de ambos, es como si realmente desaparecieran de la escena.

Esa primera entrevista de presentación de los protagonistas es, en realidad, una representación para un programa, en ella se remarca lo externo, lo superficial de un matrimonio aparentemente ejemplar. Todo es felicidad y todo es apariencia, como corresponde a un programa de televisión. Incluso sus propios protagonistas parecen creerse lo que muestran.

De la idílica escena inicial se pasa bruscamente a una de las más interesantes secuencias de la película, una cena con un matrimonio amigo donde Marianne y Johan comentan las circunstancias de la entrevista. En esta ocasión se les ve más relajados, pero la impresión es la misma, son un matrimonio ejemplar que disfruta de su felicidad bromeando con ella y exhibiéndola ante sus amigos. Poco a poco la escena, rodada en principio con planos medios alternando a sus personajes de dos en dos, va aumentando de tensión y la relajación inicial va convirtiéndose en una educada pelea con la pareja amiga que, suavemente ayudada por la bebida, acaba derivando en una batalla campal, donde las ironías dejan paso a los sarcasmos y éstos al insulto.

Todo esto ocurre ante la patente incomodidad de los anfitriones quienes desde su atalaya contemplan como aflora toda la sordidez contenida en las relaciones de sus amigos, sin librarse tampoco de alguna insinuación burlona sobre su propia supuesta felicidad que no parece muy creíble a los ojos de la otra pareja. Esta deriva se apoya en una magnífica realización a base de primeros planos donde los rostros y sus expresiones son vitales en esta catarsis colectiva.

Tras la marcha de los amigos y en un epílogo muy ilustrativo, Johan y Marianne comentan la situación mientras recogen la vajilla y hablan de sus relaciones casi idílicas en contraste con la de sus amigos, pero Bergman rueda casi toda la escena mediante planos medios y cortos, con sus dos protagonistas incluidos el encuadre de espaldas a la cámara, como negando con las imágenes lo que se expresa con las palabras. Este primer capítulo, es clave para la película, pues en él se exponen claramente las líneas de pensamiento del director sobre la hipocresía de las relaciones de sus protagonistas.

Alfredo GarmendiaTodos sus textos en Tren de sombras

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