Election 2. La herencia maldita
Election 2 (Johnnie To)
1. Adiós a la sangre
“Todos vinimos a Hong Kong en busca de una vida mejor. Para tener éxito y prosperar debemos vivir en armonía. Cuando surgen las disputas, negociamos una solución antes de recurrir a la fuerza. Si un conflicto no puede evitarse, se establecerá una fecha de duelo. Pero las autoridades nunca oirán nada de eso. Adoptaremos las reglas de una nueva sociedad. Los hermanos viviremos juntos en paz. Cada llevará el mismo nombre que las emparente. ¡Por la unidad!”
Las imágenes de apertura de Election 2 nos remiten a un tiempo pasado, a los orígenes constitutivos de las Tríadas y a las bases sobre las que se asentaron los fundamentos que proporcionarían la cohesión necesaria para su consolidación como las sociedades secretas más longevas dentro del mundo criminal. Lealtad, respeto, orgullo, honor. Esos fueron desde el principio los vértices matriciales que articularon un código ético fundamentado en la sangre, en la hermandad y en el establecimiento de familias perfectamente jerarquizadas en torno a la figura patriarcal del “jefe” o “padrino”.
Election 1 se articulaba todavía sobre estos parámetros. El bastón de mando continuaba siendo un símbolo del poder máximo, erigiéndose como una figura icónica que reforzaba la identidad del grupo y le daba fuerza. A pesar de las disputas internas que pudieran existir, el sistema ideológico primitivo permanecía intacto y los valores ancestrales se encontraban a salvo.
Por el contrario, Election 2 se configura alrededor de la idea de que las estructuras tradicionales y arcaicas resultan anacrónicas a la hora de insertarse dentro de un panorama sociopolítico competitivo donde solo interesa la especulación monetaria a través de los negocios a gran escala y las alianzas con otros estamentos pertenecientes a los poderes fácticos.
Si las primeras Tríadas se establecieron para luchar contra el poder colonialista gestionándose de forma autárquica a través de su propios sistemas de inversiones, el curso de los nuevos tiempos y la evolución estructural que ha sufrido Hong Kong en los últimos años después de su reestablecimiento como parte integrante de la China Continental ha traído inevitables consecuencias a la hora de plantear las posibles líneas comerciales para el aprovechamiento y la explotación de los nuevos recursos comerciales y financieros. Así, de la regencia de bares, prostíbulos, salas de billar o de la venta ilegal de películas porno, se pasa a la especulación a gran escala de terrenos urbanizables, operaciones en la que entran en juego una tupida red de intereses que afectan a las altas instancias y a las instituciones gubernamentales. El sistema puro y los valores incorruptibles de las Tríadas chocan con una realidad en la que ya no queda espacio para el romanticismo de los pactos de honor, certificándose que la única forma de pervivencia dentro del sistema capitalista es sucumbir precisamente frente aquello contra lo que intentaron combatir en sus inicios, la manipulación externa por parte del gobierno y distintos sistemas de inteligencia dispuestos a mantener el equilibrio socio-económico a partir del control absoluto del panorama geopolítico. Es la hora de los nuevos tiempos, donde ya no rige la sangre, sino el dinero.
2. Canto elegíaco
Cuando nos enteramos que Johnnie To se encontraba realizando una continuación de Election pensamos que la operación consistiría en el aprovechamiento de los 90 minutos que quedaron fuera del montaje inicial de ésta, por lo que ambas cintas se encontrarían ligadas de manera inevitable, estando una incrustada dentro de la otra. Sin embargo, a pesar de que se mantiene una línea cronológica de acontecimientos, Election 2 no puede considerarse una continuación en sentido estricto, ya que trasciende en muchos aspectos a su película predecesora, convirtiéndose casi en un reverso macabro de la misma; por esa razón puede ser perfectamente asimilada de manera independiente.
Lo que sí queda claro es que con ambas cintas, Johnnie To ha conseguido realizar un díptico imprescindible acerca de la realidad que atraviesa la sociedad de Hong Kong a partir del análisis reflexivo de los cambios que en ella se están produciendo. Sin embargo, el mecanismo teórico sobre el que se sustenta Election 2 es todavía más incisivo si cabe, más punzante a la hora de ofrecer un discurso capaz de tender ramificaciones hacia cuestiones básicas que afectan a la forma en la que se estructura el poder en el seno de las sociedades modernas.
En ese sentido Election 2 se encuentra mejor definida desde el punto de vista narrativo. Quizás la razón se deba a que la película predecesora ya sentaba las bases de la historia quedando sus engranajes perfectamente definidos, por lo que en esta ocasión To no tiene que preocuparse de perfilar toda la cosmogonía mafiosa, sino que ya puede centrarse en aquello que realmente le interesa.
Así, el enrevesamiento y la intrincada red de relaciones que empañaba el tejido argumental de Election a través de un sinfín de nombres e intrigas simultáneas que ensombrecían la claridad expositiva del film queda reducida en esta segunda parte al centrarse básicamente en un personaje, el de Jimmy (Louis Koo) quien ya aparecía en el anterior film de manera más subsidiaria y cuya presencia era quizás la más oscura e inquietante de toda la trouppe de mafiosos. Su aspecto elegante y frío, su meticulosidad y autosuficiencia, su ambición por el dinero emergen ahora para convertirlo en un ser peligroso y sibilino, capaz de todo para lograr sus objetivos. Sin embargo, el objetivo de Jimmy no es, como el de sus sucesores en el cargo, convertirse en jefe de la Tríada para alcanzar el rango superior dentro de la organización. Sus intereses son de otra índole. Jimmy llega a un acuerdo con un alto cargo del servicio de inteligencia chino a través del que debe alcanzar el máximo rango dentro de la familia a la que pertenece si quiere realizar negocios en el país. Él todavía no lo sabe, pero en el momento en el que acepta entrar en ese juego, está vendiendo su alma al demonio.
“Jimmy, si sigues en las Tríadas, asegúrate que tendrás poder absoluto”. Eso le decía uno de sus compañeros de manera premonitoria en Election 1. Jimmy terminará teniendo autoridad total dentro de la Tríada, pero a cambio jamás será libre. Esa es la terrible paradoja que encierra el film. La manzana tentadora que se le ofrece en un principio, termina estando podrida y nuestro protagonista tendrá que aceptar las nuevas normas del juego y cargar con la losa de dejar un legado envenenado a su descendencia: el modelo ancestral que había permanecido incólume a través de los siglos se desintegrará por completo al anularse la elección bianual que lo había caracterizado para dar paso a un sistema hereditario en el que el mando el poder se traspasará de padres a hijos. De esa forma el gobierno obtiene lo que siempre ha ansiado, el control absoluto de la Tríada gestionándola de acuerdo a sus intereses.
Quizás por esa razón el tono de Election 2 es todavía más siniestro y oscuro adquiriendo en su tramo final resonancias elegíacas.
3. Cuestión de estilo
Election marcó un antes y un después en la carrera de Johnnie To. Gracias a ella no solo asistimos a su consagración como una de las figuras más importantes dentro del panorama de cine contemporáneo, sino que nos encontramos con un director en pleno dominio de sus facultades técnicas, maduro, sereno, con un dominio escénico y una manera perfectamente equilibrada de planificar las secuencias. La elegancia y el virtuosismo que To había demostrado en sus trabajos anteriores, toma ahora verdadera razón de ser, convirtiéndose cada encuadre, cada plano, en un festín de inteligencia y de economía visual. Cada cosa está en su sitio en cada momento y dura el tiempo necesario. La cinética de la imagen es precisa y ligera, quizás porque To se olvida de amaneramientos y construye el film a través de movimientos muy básicos dentro del eje horizontal-vertical. Cuando tiene que orquestar escenas desde un punto de vista múltiple (como la que se desarrolla en el restaurante de Shenzheng) la cámara se desliza casi como si se encontrara suspendida de un extremo a otro, siendo capaz de concretizar todo el entorno espacial prácticamente en un parpadeo.
En realidad To siempre ha adaptado su mirada a aquello que estaba narrando. Si en Exiled hiperbolizaba su estilo hasta llevarlo casi a los límites de la abstracción porque era precisamente lo que necesitaba esa historia concebida como puro espectáculo estético, en Election se muestra extremadamente sobrio, minimalista, casi elaborando y cada secuencia de manera ritual, como si se tratara de una liturgia escénica. Al fin y al cabo, hacía tiempo que ninguna película se introducía de una forma tan milimétrica en las entrañas de una organización mafiosa, por lo que su función es captar cada pequeño detalle para que nos ayude a introducirnos mejor dentro de ese mundo secreto. De todas formas, Election 2 se libera un tanto de la minuciosidad documental de su predecesora, en la que To parecía en ocasiones demasiado interesado en desvelar el significado de cada símbolo a través de un descriptivismo descarnado, pero continúa manteniendo un marcado tono realista, seco y cortante a la hora de acercarnos a cada una de las acciones.
La violencia vuelve a latir dentro del tejido interno del film. A veces, aunque aparezca fuera de campo, la atmósfera se encuentra tan densa, tan cargada de crueldad que es imposible no sentirse incómodo, no frente a lo que se está viendo, sino frente a lo que se está sintiendo. Me refiero por ejemplo a la escena en la que Jimmy encierra a tres sicarios de Lok (Simon Yam) en celdas minúsculas con un perro furioso atado al cuello y los mantiene así durante días sin comer. El sadismo de todo este fragmento termina alcanzando instantes de difícil digestión.
Son momentos en los que se revela la verdadera cara de los protagonistas, amparados siempre detrás de una fachada de falsedad e hipocresía. Por eso también vemos a Lok implicado en una muerte execrable, la de uno de los miembros más longevos de la Tríada (una de las secuencias más antológicas y con más aliento clásico del film).
To evita en todo momento que nos sintamos más afines moralmente a uno u otro de los dos personajes entre los que se establece la lucha de poder. Como él mismo nos comentó a raíz de su paso por el Festival de Sitges en 2005, todos los seres que aparecen son malos, no debería salvarse ninguno.
En realidad todos terminan por tener su merecido de una u otra manera, y es curioso que en ambos casos se visualice a través de la herencia que dejarán a sus hijos, la orfandad y la desprotección total en un caso, y el peso de la culpa en otro. Antes que la muerte, no hay mayor castigo que el daño que se les puede infligir a los hijos, aunque sea de manera involuntaria. Cuando Lok y Jimmy (que siempre habían actuado en su propio beneficio sin pensar en nada más) se den cuenta de ello, será ya demasiado tarde.
Election 2 es el final del camino para todos y dentro de la trayectoria de Johnnie To, su obra cumbre.
Notas
- Firmado "Beatriz"; la escaleta lo atribuye a Bea.


