DVD

Vivre sa vie

Jean-Luc Godard, 1962. Edición de Avalon

En 1961 Jean-Luc Godard rodó la que, al fin y al cabo, sería la película más vitalista, positiva y alegre de su filmografía: Une femme est une femme. Un gozoso juego de música y colores que trasladaba a la pantalla el sincrónico momento más dulce de su relación con la actriz Anna Karina, a la que había conocido el año anterior durante el rodaje de Le petit soldat y —resulta fácil de comprender— al instante le había enamorado. Un año después, a la hora de empezar Vivre sa vie, las cosas habían cambiado. Con un aborto y el comienzo del irrefrenable deterioro de la pareja entre medias, la viveza cromática de la obra anterior dio paso a una dura franja de blanco, negro y gris en la nueva. La ligereza de la historia musical de la joven que buscaba quedarse embarazada es todo lo contrario a la desgarrada tragedia en clave de teatro brechtiano de una prostituta que avanza hacia su destrucción. Vivre sa vie: film en douze tableaux pasa así a ser una película crudísima, pero no por ello falta de momentos emotivos y de gran belleza, ni de reflexiones formales, sociológicas, filosóficas y lingüísticas en la tradición del constante y evocador compendio teórico que suelen resultar las obras del cineasta franco-suizo.

Imagen

La película, rodada en 1962, fue restaurada para su reposición en algunas salas españolas durante el año 2006. Ese es el master que se ha utilizado para la presente edición en DVD, por lo que podemos disfrutar de esta obra maestra con una estupenda calidad de imagen. Apreciamos a la perfección el trabajo de Raoul Coutard (el director de fotografía emblemático de la Nouvelle Vague y de todas las películas de Godard durante los sesenta), que retrata en nítido y profundo blanco y negro a Anna Karina y al resto de actores, así como capta con aroma documental los escenarios parisinos donde se desarrolla la historia y filma con bellas composiciones los habituales interiores godardianos donde los tiempos se expanden y los personajes viven el confinamiento bien como opresión o como ocasión para el amor.

En la parte final de la película destacan los contraluces en los que son filmados los personajes, que sin embargo aún nos permiten percibir algunas facciones de sus rostros y, sobre todo, el marcado lenguaje corporal. Sobre todo cuando, siguiendo los deseos expresados antes por Nana, la protagonista, el silencio es el medio que utilizan ella y su pareja para comunicarse. Esta bellísima secuencia sirve sin embargo para resaltar uno de los principales aspectos negativos de la edición en DVD de Avalon: los subtítulos aparecen incrustados en la imagen de tal forma que es imposible reproducir la película sin ellos. Lo que de por sí ya es un problema notable, al impedirnos ver las imágenes del film completas, limpias y sin intrusiones, en este caso alcanza mayor relevancia cuando llegamos a la referida secuencia. En este punto de la película los personajes no se comunican a través del lenguaje verbal, sino que sus diálogos y sentimientos están contenidos, a falta de una pista sonora, en unos subtítulos (en francés) que aparecen en la parte inferior de la imagen. Los subtítulos en castellano de la edición de Avalon traducen, obviamente, lo que en ellos se dice, pero superponiéndose encima de los originales y creando un cierto desaguisado cuando alguno de los dos, o ambos, se componen de más de una línea. Aquí hacemos hincapié tanto en que lo ideal habría sido que los subtítulos del DVD aparecieran durante estos instantes en la parte superior de la imagen, donde resultarían menos intrusivos, como en lo necesario y básico de la existencia de la posibilidad de ver la película sin más subtítulos ni elementos textuales sobre la imagen que los que ya contiene ella misma.

Sonido

Conocido es el interés de Godard por el trabajo sobre la banda de sonido de sus películas. En esta ocasión los elementos con los que cuenta además de las voces de los actores (y la propia suya doblando en off la lectura del relato de Edgar Allan Poe El Retrato Oval) son el sonido ambiente de París, sus calles, cafés y máquinas de pin-ball. La música de Michel Legrand que puntea las imágenes aparece con fuerza y desaparece tras escasas notas reforzando la idea de representación, como es habitual en la obra del director.

No hay nada que reprochar a la edición de Avalon en este aspecto. Respeta la pista de audio original en francés y los diálogos son audibles de forma clara y nítida —siempre que esa es la intención, puesto que en la película domina el sonido directo y algunos de los diálogos de los protagonistas en la cafetería son inaudibles por el mismo ambiente sonoro del lugar, en el que se mezclan junto a conversaciones de otros clientes—, así como la canción que baila Nana en la famosa secuencia de la sala de billar, tan citada y reinterpretada en numerosas ocasiones en el cine posterior.

Extras

La edición de la película se compone de dos discos DVD presentados en un estuche digipak de diseño tan exquisito como el resto de trabajos de Avalon para su colección Filmoteca FNAC. En el primer disco encontramos la película complementada con las típicas y anodinas pantallas de texto con la ficha técnica del film y filmografías selectas de Godard, Karina y Labarthe. La naturaleza accesoria de este complemento no impide que sea un contenido tan inofensivo como dado por supuesto en cualquier DVD. Los extras verdaderamente interesantes son los que se encuentran en el segundo disco. Ahí encontramos dos de los primeros cortometrajes realizados por Godard y un análisis reflexivo del crítico Jean Narboni sobre la película que nos ocupa.

Charlotte et Véronique, ou tous les garçons s'appellent Patrick (1957), cortometraje en blanco y negro de 20 minutos de duración, es el tercer trabajo de Godard tras las cámaras y su primera obra de relevancia tras sus inicios con el corto documental Opération “Béton” (1954) y la adaptación de Maupassant Une femme coquette (1955). La obra es una reunión precisa y en ciertos aspectos premonitoria de varios de los futuros protagonistas de la Nouvelle Vague: sus intérpretes son rostros de la primerísima oleada como Nicole Berger y Anne Collette, dos jóvenes amigas que se enfrentan por separado y sin saberlo a los cortejos de un desopilante Jean-Claude Brialy; el guión es de Eric Rohmer y su ligera, caótica, acelerada y, en suma, moderna anécdota pre-amorosa es una base estupenda para las imágenes de Godard. Por supuesto, la acción transcurre en su mayor parte en la calle parisina, con sus parques, cafés y trasiego urbanita, pero ya aparece aquí el gusto del director franco-suizo por el condensamiento de la acción en interiores como la habitación que comparten las dos chicas que titulan la obra.

Una tendencia que se hace más claramente visible aún en el segundo de los cortomatrajes, Charlotte et son Jules (1958), ya de autoría completamente godardiana. Todo el espacio dramático se reduce al piso del protagonista, un recién descubierto Jean-Paul Belmondo que recibe la inesperada visita de su ex novia Anne Collette e inicia un largo y divagatorio monólogo lleno de reproches, misoginia, contradicciones y claudicación hacia su antigua pareja. La inoperancia del raccord que, entre otras muchas cosas, haría famosa a À bout de souffle ya aparece en el montaje de este monólogo que, estrictamente, no es tal. Pues si bien el único que habla es Belmondo, en voz de Godard, que le dobló en la pista de audio, sí existe un claro y divertidísimo diálogo entre el movimiento físico de su cuerpo y el de Collette, recorriendo ambos todos los ángulos de la habitación en la que se encuentran. La punch-line con la que Godard cierra la historia no hace más que dar el toque final a un número cómico necesitado de sus dos hábiles intérpretes.

Ambos cortometrajes están precedidos por una breve introducción de Noël Simsolo, que también es quien filma a Jean Narboni comentando Vivre sa vie en el principal extra crítico-analítico de la edición. Este documental de 45 minutos de duración supone un acercamiento a la película desde la experiencia personal de Narboni, que repasa algunas de sus secuencias clave y señala puntos interesantes sobre las elecciones estilísticas y formales de Godard a la hora de realizarla.

Por último, el disco de extras se cierra con los trailers originales de dos películas de Robert Bresson, Le procès de Jeanne d'Arc y Pickpocket, también editadas en esta colección por la misma compañía.

Contenido

Vivre sa vie goza de gran popularidad dentro de la obra de Godard. Si ya de por sí la etapa de su filmografía más conocida entre la mayoría de los cinéfilos es la desarrollada durante la década de los sesenta, Vivre sa vie es una de sus películas más alabadas dentro de dicho periodo. Un reconocimiento muy apropiado, dado que se trata de uno de los trabajos más depurados y emocionantes del cineasta. La película, como su propio título indica, se encuentra dividida en 12 escenas o cuadros al modo de las representaciones teatrales y con un ojo puesto en la influencia que el teatro de Brecht tuvo durante esta etapa para el cine del director. Por otra parte, la síntesis de lo que acontece en cada uno de los cuadros que acompaña a sus respectivas numeraciones emparenta esta división con la de los capítulos de una novela. El director ya había empezado a juguetear con las posibilidades del texto en la imagen en Une femme est une femme y aquí explora mucho más ese campo en los inicios de cada cuadro. También supone una declaración de intenciones, adelantando el contenido de la acción al espectador para centrar toda la fuerza de las imágenes más en su forma que en lo que cuentan.

El cine de Godard es de entrega absoluta sobre el trabajo de la forma, trastocándola, cuestionándola, jugando con ella y, como búsqueda de la verdad, dejándola en evidencia en su mentira. Susan Sontang entiende Vivre sa vie como un compendio de textos de distinta índole y origen que ayudan a contar la historia de la prostituta interpretada por Karina desde muy diversos registros, prácticamente uno por capítulo. La película se sirve de multitud de textos diferentes para construir su relato reflexivo: el cuento escolar de la gallina (“si quitamos el interior está el alma”), La Pasión de Juana de Arco de Dreyer, el lenguaje y estilo documental para hablar de las condiciones de la prostitución en París, el disco de música de baile, la conversación con Bartier, que así mismo cita a Los tres mosqueteros de Dumas, El retrato oval de Poe, etc. (1) Todos ellos dan como resultado un collage de referencias que mezclan sin pudor ni reparo elementos propios de la cultura popular con otros más vinculados con la llamada alta cultura, como la reflexión ensayística sobre los límites del lenguaje. Godard los iguala y utiliza para pensar en la fuerza y validez de las imágenes y las palabras como camino para llegar a la esencia del ser humano. Porque ese es el fin último del relato, poner de manifiesto las arbitrariedades de la existencia y la vida como un fluir de complejas relaciones en las que uno, como Nana, se busca a sí mismo dándose a los demás.

Conclusión

Godard fue maravillosamente prolífico durante la década de los sesenta. Fueron diez años en los que realizó ni más ni menos que 18 largometrajes y una decena de cortos y segmentos para films colectivos de varios autores. Tocó toda clase de géneros y registros: thriller, cine negro, bélico, comedia, musical, tragedia, drama romántico, ciencia-ficción, manifiesto político, ensayo, documental... Todas y cada una de dichas obras son de grandísima calidad y resulta muy difícil escoger una o jerarquizarlas siguiendo criterios cualitativos que seguramente se guiarían más por la sensibilidad de cada espectador o su estado de ánimo del momento. Es incontestable y deliciosa la heterodoxia de este conjunto, sin embargo tan tremendamente homogéneo en términos de disfrute. Pese a todo lo anterior (y gracias a ello también), es posible despuntar Vivre sa vie. Se trata de una película capital en la historia del cine y un pilar fundamental de su paso a la modernidad. La exploración de Godard de los cuerpos, las posibilidades del lenguaje cinematográfico y verbal, la participación de Jean Bartier y el retrato desde todos los ángulos posibles del rostro de Anna Karina, además de la enternecedora historia de caída y desamparo de Nana, paralela en sufrimiento y entrega a la Juana de Arco dreyeriana, más algunas de las virtudes sugeridas a lo largo de este texto ya deberían ser motivo suficiente como para conservar esta obra maestra en una edición en DVD tan recomendable como la presente.

(1) – SONTANG, Susan. Vivre sa vie*, de Godard*, en Contra la interpretación y otros ensayos, Barcelona, Seix Barral, 1984

Daniel de PartearroyoTodos sus textos en Tren de sombras

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