Favorita

Laura

Otto Preminger, 1944

La primera mitad de Laura, película mitificada y vampirizada por la cinefilia donde las haya, pivota sobre la ausencia orgánica del personaje que da título a la obra. El investigador interpretado por Dana Andrews recibe diversos datos sobre una mujer supuestamente fallecida que ha dejado una marcada impronta en aquellos que la conocían antes de su desaparición. En la secuencia más famosa del film, el detective deambula, visiblemente enfrascado en el electrizante misterio en el que se ha visto envuelto, -y en soledad- por la vivienda de Laura, cuyo salón está presidido por un enorme retrato de la ausente. Tras quedarse dormido, el hombre recupera la consciencia y aparece ante él la figura “resucitada” de aquella a quien empezaba melancólicamente a soñar, un “milagro” no exento de su reverso decepcionante. La fuerza e implicaciones de este instante están fuera de toda duda, así como su conexión con ideas fundamentales de la obra de otros cineastas (de Hitchcock a Lynch), mas no debe hacernos apartar la vista de otras aportaciones de la película. Este film, inequívocamente premingeriano pese a que fue (el también grande) Rouben Mamoulian quien lo comenzó a rodar, se postula como una muestra ya muy depurada del ajustado distanciamiento (escéptico pero emocionante en su afán anti-maniqueo) que su director aplicará a materiales de muy diverso pelaje en lo venidero. Y, más aún, despliega ya su característica multiplicidad del punto de vista narrativo para señalar la aparición de renovadores modelos femeninos dentro de la sociedad capitalista, en la que la mujer comienza a ocupar una posición mucho más libre en lo tocante a las relaciones amoroso-sentimentales. Todo ello sin abandonar, por supuesto, los cauces aparentes del cine de género.

Alejandro DíazTodos sus textos en Tren de sombras

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