RahXephon · Capítulo 12
El arte de la digresión

Normalmente consideramos que todos los elementos de una película tienen que estar orientados hacia su final. No toleramos, ni en la ficción ni en la realidad, aquello que se desvía.
Con este episodio y sin previo aviso, entramos en un mundo nuevo, tanto desde el punto de vista visual como narrativo. Los colores se apagan y adoptan una tonalidad sepia, la luz se difumina, las sombras se extienden. El dibujo se hace extrañamente más preciso y realista, más triste y seco que hasta ahora. La historia abandona el presente y se traslada al pasado, no al de los personajes principales, sino a la infancia de tres secundarios.
Nuevamente creemos estar en presencia de algo inútil, de algo sobrante, de algo que molesta y estorba.
Es una ilusión. Desde los primeros momentos del episodio sabemos que estamos dentro de un cuento de hadas, que nos hemos trasladado, nosotros y los personajes, al mundo repleto de sueños e ilusiones de la infancia.
No se intenta engañarnos, puesto que el mundo en que los tres niños protagonistas viven no es un mundo feliz. Crecen encerrados en una residencia donde cualquier falta, la más mínima, acarrea un castigo físico. Un ambiente donde no se tolera la debilidad ni el fracaso, donde los tres niños deben aprender a ser duros, a ocultar sus sentimientos frente a los demás, a buscar el éxito cueste lo que cueste, el único camino que les traerá seguridad y respeto.
A pesar de esta dureza, aún tienen ilusiones, aún pueden permitírselas. Fuera de la residencia existe otro mundo, seguramente distinto a aquel en que viven. Un día, cuando crezcan, cuando lleguen a ser adultos, saldrán de allí y entonces, por fin, serán dueños de su destino. Mientras, podrán seguir soñando, mantener la fe y la esperanza frente a la frialdad del mundo.
Sus esperanzas cristalizan una noche, cuando en las profundidades de la residencia encuentran un ser, distinto a todo lo que conocían, tan prisionero como ellos. Un ser que se convierte en su secreto frente a los profesores y preceptores, algo que, por unas breves horas, les permite ser, no lo que los demás desean, sino lo que ellos quieren.
No hay finales felices en este mundo. Cuando el episodio
termina, ilusiones y esperanzas se han quebrado para
siempre y, nosotros, como espectadores, hemos aprendido
varias cosas, que hay personas que son unos miserables
desde el día que nacen hasta el día
que mueren, que otras se quiebran bajo el peso de la
vida y devienen lo que más odian, que otras
tienen la suerte de conservar sus sueños hasta
la edad adulta.