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08.
Saraband
Han pasado más de tres décadas desde
su último encuentro, pero no sólo para los personajes
sino, y sobre todo, para el propio director.
Debo reconocer que apenas me ha sorprendido lo que
he visto en Saraband,
puesto que ya hace un cierto tiempo lo había
observado en otra de sus últimas películas.
De la feroz disección de sus personajes Bergman
ha pasado a una comprensión más compasiva
de los mismos. La emoción se abre paso entre el
análisis sin dejarlo de lado, su lucidez aún
asombra pero la edad se impone, su visión es,
si no menos dura más humana.
Salvo en una muy corta escena al final en la que Martha,
la enferma hija de Johan y Marianne, se encuentra con
su madre, solamente aparecen físicamente en la
película cuatro personajes Johan, Marianne, Henrik
(un hijo de Johan anterior a su matrimonio con Marianne)
y Karin (la hija de Henrik), sin embargo flota a lo
largo de toda la película un quinto personaje
fundamental, que domina todo y alrededor del cual se
construyen las diversas situaciones y la propia vida
de los protagonistas. Este quinto personaje ya no existe
pues en el momento en que sucede la acción lleva
muerto un par de años por una enfermedad, se
trata de Anna la madre de Karin, esposa de Henrik y
nuera de Johan. Su sombra todo lo invade, es el pivote
sobre el giran los sentimientos de todos los personajes
incluido el de Marianne quien ni siquiera llegó
a conocerla, capaz de hacer confluir en él todo
el amor y esperanzas de los que le rodean, capaz de
purificar sus miserias y transformar sus vidas sin necesidad
de hacer explícito su amor pues, como comenta
uno de los personajes, “nunca decía que
te amaba pero actuaba siempre con amor”.
La película se articula como en un conjunto
de dúos musicales, como el que pretende interpretar
Henrik con su hija tomando como base la bella zarabanda
de la Suite Nº 5 para violonchelo solo de J. S. Bach,
con sus cuatro personajes encontrándose de dos
en dos, además de un preludio y una coda.
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09.
PresentaciÓn y primer encuentro
Tras el corto preludio en el que Marianne,
sentada en una mesa llena de fotografías, explica
al espectador las razones que le impulsan a tener su
último encuentro con Johan, en la primera escena
se le ve llegando a la casa de campo en la que actualmente
reside su exmarido. La cámara le acompaña
explorando el lugar donde vive Johan antes de que pueda
verle, las puertas se cierran tras ella y los relojes
parecen advertirnos del paso del tiempo. De nuevo se
dirige al espectador dudando de si la idea de su visita
ha sido acertada o no pero finalmente va al encuentro
de Johan. Mediante este pequeño guiño
cambia lo que podría haber el punto de vista
de Marianne, por el del propio espectador, que asiste
como su invitado, pero independientemente de ella, a
todo el proceso de relaciones que surgen en el lugar.
A partir de este punto y en distintos encuentros los
personajes van mostrando sus afectos, odios, frustraciones
y miserias teniendo a Marianne como una especie de testigo
de sus comportamientos. Estos encuentros son como pequeñas
piezas de cámara aisladas, con entidad propia
a la vez que engarzadas en un todo y que solamente en
algunas ocasiones son suspendidas por interrupciones
externas, para remachar aspectos que refuerzan lo comentado
o lo pensado por los personajes, interrupciones que,
a mi entender, resultan en algunas ocasiones innecesarias
rompiendo el cuidado ritmo del filme.
El primer dúo es casi de presentación
de los personajes, con Johan y Marianne hablando serenamente
ante un paisaje idílico realizado con parsimonia
a base de planos medios hasta que Johan comienza a poner
al espectador, a través de Marianne, en antecedentes
de lo que nos vamos a encontrar, de los personajes y
de los encontrados sentimientos, mediante primeros planos.
Al final Marianne se dirige de nuevo al espectador intuyendo
que la visita ha podido ser un error.
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10.
Segundo encuentro, una semana mÁs tarde
El segundo capítulo nos muestra
por primera vez a Karin, una semana más tarde,
cuando acude a casa de su abuelo y conoce a Marianne.
La ansiedad que vive es mostrada en contraposición
con la delicadeza y la calma de Marianne mediante una
de las escasas digresiones externas que se producen
a lo largo de la película.

Las primeras aproximaciones, los tanteos de conocimiento
personal presentadas en planos conjuntos medios son
interrumpidas al levantarse Karin y comenzar a pasearse,
como un animal enjaulado por la cocina, encerrada en
el encuadre que la sigue en sus evoluciones, mientras
comenta lo que ha ocurrido en la clase de música
con su padre, Bergman introduce entonces un inserto
lleno de tensión, donde se intuyen las complejas
relaciones entre Karin y su padre. Finalmente, una vez
calmada, Karin habla por primera vez de su madre Anna,
y comienza a vislumbrarse que su relación con
el entorno, incluido su padre, se produce mediatizada
por la opinión de Anna (“Sólo sé
que en el fondo es... en fin, bueno... si no mi madre
nunca se habría... mamá le quería,
¿sabes?”).
Una vez roto el hielo, y al caer la tarde, Bergman
nos las muestra juntas sentadas al mismo lado de la
mesa, compartiendo confidencias sobre el abuelo y su
vida con Marianne, confidencias realizadas de forma
muy distinta a las de Karin, con una planificación
relajada, envueltas en una luz cálida bajo un
farol de carnaval, igual que uno de los que encuentran
en la casa del amigo en la que comparten el último
fin de semana Johan y Marianne en la película
anterior. La amistad entre ambas es un hecho.
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