trendesombras.com Num #2 - Septiembre 2004 width=

08. Saraband

Han pasado más de tres décadas desde su último encuentro, pero no sólo para los personajes sino, y sobre todo, para el propio director.

Debo reconocer que apenas me ha sorprendido lo que he visto en Saraband, puesto que ya hace un cierto tiempo lo había observado en otra de sus últimas películas. De la feroz disección de sus personajes Bergman ha pasado a una comprensión más compasiva de los mismos. La emoción se abre paso entre el análisis sin dejarlo de lado, su lucidez aún asombra pero la edad se impone, su visión es, si no menos dura más humana.

Salvo en una muy corta escena al final en la que Martha, la enferma hija de Johan y Marianne, se encuentra con su madre, solamente aparecen físicamente en la película cuatro personajes Johan, Marianne, Henrik (un hijo de Johan anterior a su matrimonio con Marianne) y Karin (la hija de Henrik), sin embargo flota a lo largo de toda la película un quinto personaje fundamental, que domina todo y alrededor del cual se construyen las diversas situaciones y la propia vida de los protagonistas. Este quinto personaje ya no existe pues en el momento en que sucede la acción lleva muerto un par de años por una enfermedad, se trata de Anna la madre de Karin, esposa de Henrik y nuera de Johan. Su sombra todo lo invade, es el pivote sobre el giran los sentimientos de todos los personajes incluido el de Marianne quien ni siquiera llegó a conocerla, capaz de hacer confluir en él todo el amor y esperanzas de los que le rodean, capaz de purificar sus miserias y transformar sus vidas sin necesidad de hacer explícito su amor pues, como comenta uno de los personajes, “nunca decía que te amaba pero actuaba siempre con amor”.

La película se articula como en un conjunto de dúos musicales, como el que pretende interpretar Henrik con su hija tomando como base la bella zarabanda de la Suite Nº 5 para violonchelo solo de J. S. Bach, con sus cuatro personajes encontrándose de dos en dos, además de un preludio y una coda.

09. PresentaciÓn y primer encuentro

Tras el corto preludio en el que Marianne, sentada en una mesa llena de fotografías, explica al espectador las razones que le impulsan a tener su último encuentro con Johan, en la primera escena se le ve llegando a la casa de campo en la que actualmente reside su exmarido. La cámara le acompaña explorando el lugar donde vive Johan antes de que pueda verle, las puertas se cierran tras ella y los relojes parecen advertirnos del paso del tiempo. De nuevo se dirige al espectador dudando de si la idea de su visita ha sido acertada o no pero finalmente va al encuentro de Johan. Mediante este pequeño guiño cambia lo que podría haber el punto de vista de Marianne, por el del propio espectador, que asiste como su invitado, pero independientemente de ella, a todo el proceso de relaciones que surgen en el lugar.

A partir de este punto y en distintos encuentros los personajes van mostrando sus afectos, odios, frustraciones y miserias teniendo a Marianne como una especie de testigo de sus comportamientos. Estos encuentros son como pequeñas piezas de cámara aisladas, con entidad propia a la vez que engarzadas en un todo y que solamente en algunas ocasiones son suspendidas por interrupciones externas, para remachar aspectos que refuerzan lo comentado o lo pensado por los personajes, interrupciones que, a mi entender, resultan en algunas ocasiones innecesarias rompiendo el cuidado ritmo del filme.

El primer dúo es casi de presentación de los personajes, con Johan y Marianne hablando serenamente ante un paisaje idílico realizado con parsimonia a base de planos medios hasta que Johan comienza a poner al espectador, a través de Marianne, en antecedentes de lo que nos vamos a encontrar, de los personajes y de los encontrados sentimientos, mediante primeros planos. Al final Marianne se dirige de nuevo al espectador intuyendo que la visita ha podido ser un error.

10. Segundo encuentro, una semana mÁs tarde

El segundo capítulo nos muestra por primera vez a Karin, una semana más tarde, cuando acude a casa de su abuelo y conoce a Marianne. La ansiedad que vive es mostrada en contraposición con la delicadeza y la calma de Marianne mediante una de las escasas digresiones externas que se producen a lo largo de la película.

Las primeras aproximaciones, los tanteos de conocimiento personal presentadas en planos conjuntos medios son interrumpidas al levantarse Karin y comenzar a pasearse, como un animal enjaulado por la cocina, encerrada en el encuadre que la sigue en sus evoluciones, mientras comenta lo que ha ocurrido en la clase de música con su padre, Bergman introduce entonces un inserto lleno de tensión, donde se intuyen las complejas relaciones entre Karin y su padre. Finalmente, una vez calmada, Karin habla por primera vez de su madre Anna, y comienza a vislumbrarse que su relación con el entorno, incluido su padre, se produce mediatizada por la opinión de Anna (“Sólo sé que en el fondo es... en fin, bueno... si no mi madre nunca se habría... mamá le quería, ¿sabes?”).

Una vez roto el hielo, y al caer la tarde, Bergman nos las muestra juntas sentadas al mismo lado de la mesa, compartiendo confidencias sobre el abuelo y su vida con Marianne, confidencias realizadas de forma muy distinta a las de Karin, con una planificación relajada, envueltas en una luz cálida bajo un farol de carnaval, igual que uno de los que encuentran en la casa del amigo en la que comparten el último fin de semana Johan y Marianne en la película anterior. La amistad entre ambas es un hecho.

Siguiente: 11. Tercer encuentro
Johan, Marianne .... y Anna
Por Alfredo Garmendia
< PÁG. de >
|
01. Secretos de un matrimonio
02.
03.
Inocencia y pánico
El arte de esconder bajo la alfombra
04.
05.
Paula
Valle de lágrimas
06.
07.
Analfabetos
En plena noche en una casa a oscuras
08.
09.
10.
Saraband
Presentación y primer encuentro
Segundo encuentro, una semana más tarde
11.
12.
13.
Tercer encuentro. Anna
Cuarto y quinto encuentros. Henrik
Sexto encuentro. La propuesta
14.
15.
16.
Séptimo encuentro. La carta de Anna
Octavo encuentro. Decisión de Karin
Noveno y décimo encuentros. Johann, Marianne y Anna
17. Epílogo