trendesombras.com Num #2 - Septiembre 2004 width=

04. Paula

El tercer capítulo es el núcleo de la película, en él estalla por fin la situación. La engañosa armonía, cada vez más cuestionada por el espectador, se rompe definitivamente. Esta quiebra es nocturna como si quisiera ocultarse a los ojos del mundo. Desde este momento y hasta el final de la película solamente aparecen los dos protagonistas, nadie más interviene físicamente aunque, por supuesto, sí que existen e influyen, pero para el director son únicamente accesorios que tienen como único propósito el ver su reflejo en el comportamiento de los protagonistas. La pareja es lo que importa, las circunstancias solo sirven para matizar su comportamiento.

Tras la llegada de Johan por la noche a la casa de campo donde se encuentra Marianne y en un primer bloque de tres únicos planos medios con gran movilidad interna, se esboza la situación como si se tratara únicamente de una llegada inesperada, sin otra razón que la de adelantar su estancia en el hogar. Marianne, alegre, le ayuda en la preparación de una improvisada cena y se sienta con él a esperar que coma algo tras encender dos velas a todas luces inútiles bajo el punto de vista práctico de iluminación. Quiere celebrar la llegada tras una insinuada discusión telefónica del día anterior de la que se encuentra arrepentida. ¿Acaso se teme algo?. ¿Es posible que, siendo en el fondo consciente de la falta de sinceridad de sus relaciones, esté temerosa de que algo pueda ocurrir?

Pronto la planificación cambia radicalmente, del plano medio pasa al plano corto, los rostros de los protagonistas cobran de nuevo protagonismo en una conversación en la que el recurso plano/contraplano está matizado por la aparición permanente de la cabeza de uno en el espacio cinematográfico del otro, no existe un solo primer plano nítido, no hay limpieza de encuadre. En la conversación Johan plantea la ruptura de sus relaciones confesando haberse enamorado de otra mujer, ante la mirada expectante de Marianne. Ella no reacciona como si se sintiera agredida o engañada, sino más bien como si hubiera llegado aquello que temía que ocurriera. La conversación termina de forma más o menos brusca, tras apagar las velas que había encendido hacía poco tiempo.

Un tercer bloque de planos medios de larga duración, similar al primero pero con mucha menos agitación interior nos muestra a los protagonistas yendo a la cama para descansar. La conversación se hace de nuevo convencional, los temas son el equipaje, los trajes, las ocupaciones del día siguiente. Parecería como si no hubieran hablado de un tema tan crucial como el comentado, los protagonistas se mueven en el plano de una manera cotidiana, incluso sonriendo, como continuando esa representación a la que tan acostumbrados se encuentran. Esta planificación concluye con un rápido acercamiento de la cámara al rostro angustiado de Marianne al conocer que Johan va a desaparecer durante al menos siete u ocho meses totalmente de su vida. Sobre su rostro en pantalla Johan empieza a sincerarse y a mostrar sus verdaderos sentimientos y ante la vuelta defensiva de Marianne a los temas puramente organizativos de la disolución de su relación (ingresos, pensión, etc) Johan estalla diciéndole, en una planificación llena de nerviosismo interno, todo lo que le molesta esa vida llena de comedia de formalidades y de convenciones que han llevado juntos.

A partir de ese momento la planificación, en paralelo con las relaciones entre ellos, se tranquiliza de nuevo y se mezclan de forma muy inteligente el plano medio que sigue los movimientos de Johan por la habitación con insertos de Marianne en la cama. Tras un nuevo intento de relación amorosa bastante fallido realizado en aras “de su vieja amistad”, acaban durmiéndose uno en brazos del otro.

Al día siguiente despiertan con las manos entrelazadas pero todo ha acabado. Los intentos finales de Marianne por retener a Johan, tras el ritual de unos gestos y conversaciones cotidianos, son inútiles. Bergman filma estos momentos con la aparente naturalidad de la situación, sin apenas tensión, como si fuera el desayuno de un día cualquiera. Al final, y tras quedarse sola, Marianne se derrumba al conocer que casi todos sus amigos conocían la aventura de Johan y nadie se lo había dicho. Ciertamente que los reproches son para el mensajero, no acaba de comprender que el problema estaba en ellos mismos. De nuevo el desasosiego y el dolor aparece en un largo gran primer plano sostenido de Marianne hablando por teléfono con un amigo, terminando así el capítulo.

05. Valle de lágrimas

Los tres apartados siguientes son tres encuentros posteriores de los protagonistas tras su desavenencia distanciados en el tiempo, en los que se muestran la decadencia de la relación entre Johan y Paula, el encuentro para tratar de resolver los trámites para el divorcio y, finalmente, la aceptación de una situación donde la madurez parece haberse establecido en sus relaciones. En todos ellos se produce una relación física amorosa entre ambos, relación de diferente sentido en cada una de ellas y filmada de forma diferente.

En el capítulo cuarto, esa relación es oculta, dubitativa, no se muestra, es deseada pero al mismo tiempo temida por parte de Marianne quien está tratando de resolver su situación sentimental y teme reincidir en su relación pues las heridas son demasiado recientes. Esta fase, a partir de un plano de agitado movimiento interno mostrando la zozobra de Marianne antes de abrir la puerta, está filmada de una forma bastante ortodoxa, comenzando con una planificación serena, sin altibajos y sin choques, en planos medios y fijos, mostrando a los dos protagonistas sentados uno junto al otro en un sofá, como si la visita de Johan fuera la de un simple conocido. Pronto la cámara se acerca a sus rostros, al mismo tiempo que ellos también los aproximan, indicando un grado de intimidad recuperada, pero todo se interrumpe volviendo a la cena en un elemental juego plano/contraplano tan convencional como su conversación.

Sin embargo, mientras a Johan se le muestra en plano medio, a Marianne se le acerca la cámara, hasta que, al entrar en temas más personales como la propuesta de divorcio, se nos muestra también a Johan en primer plano para terminar, al finalizar la cena, volviendo a una toma media conjunta de ambos, donde Marianne, acercándose, besa a Johan, que queda entre sorprendido y satisfecho.

Ya, tras la cena y en una continuación de la conversación, la planificación cambia, utilizando la alternancia de nuevo entre plano y contraplano pero implicando a cada uno de ellos con su aparición en el encuadre correspondiente al otro, al pasar de los temas personales a los temas más íntimos. Todo parece insinuar que la atracción vuelve a adueñarse de ellos y que pueden volver a retomar el hilo de unas relaciones afectivas, sin embargo, esa planificación se interrumpe de nuevo con el bostezo de Johan, captado de nuevo en plano medio como al principio de la visita, hasta que poco a poco vuelven a confluir en el mismo plano cuando Johan trata de aproximarse sensualmente a ella.

Es en esa escena cuando se violenta la escritura cinematográfica más clásica, en el momento en que los rostros de ambos, tendidos en la misma, se juntan en un primer plano mientras ella le explica angustiada sus reservas a volver a tener relaciones sexuales con él para evitar una indeseada recaída emocional, y que termina en un brusco movimiento de incorporación poniendo fin al intento. De nuevo reaparecen los planos medios, aunque algo más cercanos que en la situación anterior, que vuelven a aproximarse al rostro de ella cuando, sobre imágenes de un álbum de fotos, comienza a abrir ante él sus frustraciones y sus pensamientos leyéndole su diario y una vez más un alejamiento de la cámara, refleja la triste certeza de que a Johan no le interesan demasiado las intimidades de Marianne, pues se ha quedado dormido mientras ella leía.

La despedida los pone a ambos frente a frente mientras hablan de temas puramente cotidianos con poco contenido emotivo, pero esa es una despedida frustrada que termina con la vuelta de Johan y la consumación de una relación que es no mostrada por Bergman en una elipsis, ocultándola, como rechazando la idea. Finalmente Johan se despierta alterado por la noche y decide marcharse. En planos cortos se muestra la definitiva marcha tras la incómoda aparición de una carta enviada por Paula a Marianne y que irrita a Johan. La puerta se cierra en fuera de campo sobre un gran (en forma y en contenido) primer plano del rostro pensativo de Marianne.

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Johan, Marianne .... y Anna
Por Alfredo Garmendia
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01. Secretos de un matrimonio
02.
03.
Inocencia y pánico
El arte de esconder bajo la alfombra
04.
05.
Paula
Valle de lágrimas
06.
07.
Analfabetos
En plena noche en una casa a oscuras
08.
09.
10.
Saraband
Presentación y primer encuentro
Segundo encuentro, una semana más tarde
11.
12.
13.
Tercer encuentro. Anna
Cuarto y quinto encuentros. Henrik
Sexto encuentro. La propuesta
14.
15.
16.
Séptimo encuentro. La carta de Anna
Octavo encuentro. Decisión de Karin
Noveno y décimo encuentros. Johann, Marianne y Anna
17. Epílogo